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4 Ago 2026

IA en Marketing: las preguntas que un directorio debería hacer

La inteligencia artificial ya está en la tabla del directorio. En la última encuesta de gobierno corporativo de la NACD, más del 62% de los directores dice que hoy reserva tiempo de agenda para discutir IA con el pleno del board, un salto grande respecto de años anteriores. Es una buena noticia. La atención es un buen comienzo, y la supervisión es el paso que viene después. Ahí aparece el punto ciego: en los estudios de Deloitte, dos tercios de los directorios reconocen que todavía les falta fluidez para cuestionar lo que la administración les presenta. La IA llegó a la mesa antes que las preguntas.

He estado de los dos lados de esa mesa. Dirigí Marketing en la banca internacional y presenté planes con tecnología adentro a comités que exigían rendición. Hoy me siento en directorios donde la gerencia trae iniciativas de IA con una lámina de entusiasmo y poco número debajo. De tanto ver la escena, aprendí algo simple: el aporte de un director está en la calidad de sus preguntas, y para eso no hace falta entender el modelo. Hace falta saber qué exigirle.

Y hay una razón para empezar este examen por Marketing.

Marketing es donde primero se nota

Marketing es donde la IA toca, al mismo tiempo, tres cosas que a un directorio le quitan el sueño: los ingresos, la marca y los datos del cliente. Cuando McKinsey dimensiona el valor de la IA generativa, ubica a Marketing y ventas entre las áreas de mayor potencial, junto con las operaciones de clientes. Es de los primeros lugares donde la IA se convierte en plata, y también de los primeros donde se puede convertir en un problema de reputación de la noche a la mañana. Por eso es el terreno donde las preguntas del board importan antes y pesan más.

Hay un cuarto elemento que un director prudente vigila de cerca: el dato. Casi toda la IA de Marketing se entrena y opera con datos de clientes, y ese activo trae obligaciones. De quién es el dato, con qué consentimiento se recolectó, qué se le está enseñando al modelo y dónde vive esa información. En un mundo con cookies de terceros en retirada y regulación de privacidad cada vez más estricta, el dato propio y bien gobernado pasó de ser una ventaja técnica a ser un tema de directorio. Un modelo brillante alimentado con datos que no debíamos usar es, para el board, un riesgo con buena cara.

La adopción, mientras tanto, ya dejó de ser hipotética. El 88% de las organizaciones dice usar IA y el 72% ya usa IA generativa. La brecha real apareció en otro lado: el 74% de los ejecutivos reporta retorno en el primer año, pero solo el 39% ve impacto en el EBIT a nivel de toda la empresa. Y apenas un 6% califica como alto desempeño, con un impacto de 5% o más en resultados. En lenguaje de directorio: casi todos están invirtiendo, pocos están cobrando. Un board que trata esas dos situaciones como si fueran la misma termina financiando pilotos eternos con nombre de estrategia.

El cambio de encuadre

Acá está el giro que le propongo a cualquier directorio. La administración trae la IA; el board decide si el caso es defendible. Ese reparto de roles ordena la conversación. Un caso defendible de IA en Marketing tiene cinco cosas, ninguna de ellas técnica: un problema de Negocio nombrado, un uso acotado, un retorno cuantificado, un plan para acotar la falla y una persona que responde por el resultado. Si falta alguna, lo que hay sobre la mesa es una apuesta con buena presentación.

El dato que lo vuelve urgente incomoda: el 87% de las organizaciones aumenta su presupuesto de IA, pero solo el 14% definió a nivel de alta dirección quién responde por los resultados. Esa distancia entre la plata que se asigna y la responsabilidad que se asume es, casi siempre, el origen de los proyectos que nunca rinden. Un directorio serio la cierra con preguntas, y las preguntas cuestan menos que el presupuesto.

Las preguntas que uso

No son un formulario para llenar. Son un termómetro para escuchar cómo responde la administración. La forma en que un equipo contesta estas ocho preguntas me dice, en quince minutos, si tienen una tesis o una moda.

La pregunta Qué revela La respuesta que tranquiliza
¿Qué problema de Negocio resuelve, y cómo se ve el éxito en un número? Si hay tesis o solo entusiasmo Un resultado medible con línea base, no “estamos usando IA”
¿Cómo sabremos que ese resultado no habría ocurrido igual sin la IA? Si entienden incrementalidad Un diseño de prueba con grupo de control, no un antes y después
¿Quién responde por el resultado, con nombre y apellido? Si hay dueño o difusión Una persona, con el número colgado de su gestión
¿Con qué datos opera, de quién son y con qué consentimiento? Si el activo de datos es propio y limpio Dato propio, gobernado, con base legal clara
¿Rediseñamos el proceso o le pusimos IA encima? Si es transformación o maquillaje Un flujo repensado, con la IA integrada al diseño
¿Qué pasa si se equivoca en público, cuánto cuesta y cómo lo acotamos? Si midieron el riesgo de marca Un límite definido, revisión humana donde importa, un plan de contención
¿Esto escala o se queda en piloto? Si hay camino a producción Un plan de escalamiento con hitos y costos
¿Qué decisión dejamos de tomar por confiar en el modelo? Si conservan el juicio Los puntos donde decide una persona, a propósito

Algunas merecen que me detenga, porque son las que más seguido separan un buen plan de uno que se cae solo.

La de incrementalidad es la que más respeto pido para ella. Es fácil mostrar que las ventas subieron después de encender un modelo. Es difícil, y mucho más valioso, mostrar que subieron por el modelo. Buena parte de los reportes de IA en Marketing confunde correlación con causa: encendieron la herramienta en temporada alta y le atribuyen a la máquina lo que hizo el calendario. Cuando un equipo llega con un diseño de prueba, un grupo de control y una medición de lo incremental, sé que entienden su propio Negocio. Cuando llegan solo con una curva que sube, sé que tengo que preguntar dos veces. Un directorio que aprende a pedir incrementalidad se ahorra años de presupuesto puesto en cosas que iban a pasar igual.

La de la responsabilidad con nombre es la que más se resiste. Es notable la cantidad de iniciativas de IA que son de todos y de nadie. Un comité las patrocina, un equipo las opera, una agencia las ejecuta, y cuando pregunto quién responde por el número, la sala mira al techo. La IA concentra la responsabilidad, no la reparte entre áreas. Alguien tiene que poder decir “esto es mío” y tener el resultado colgado de su gestión. Un board que consigue ese nombre ya hizo la mitad del trabajo de gobierno, porque un dueño claro ordena todo lo demás: el presupuesto, la medición y la decisión de seguir o parar.

La de rediseñar el proceso es la que más futuro tiene. Según McKinsey, cerca del 80% de las organizaciones que usan IA generativa la pusieron encima de sus procesos actuales, y solo un 21% rediseñó de verdad cómo fluye el trabajo. Esa diferencia explica por qué tantos proyectos muestran retorno el primer año y se estancan después. Ponerle IA a un proceso malo lo vuelve un proceso malo más rápido. La pregunta del directorio, entonces, apunta al diseño: qué cambiamos de raíz para que la IA tenga dónde rendir. Ahí vive la Transformación Digital que mueve el EBIT, la que rehace un flujo completo, no la que suma una herramienta a la lámina de siempre.

La del riesgo de marca es la que un directorio no puede delegar. En Marketing, un modelo que se equivoca genera un titular, no un error de planilla. Un mensaje mal segmentado, una recomendación fuera de lugar, un tono ajeno al de la compañía. El costo se mide en confianza, que es mucho más cara de reponer que cualquier factura de cómputo. Por eso pido siempre lo mismo: dónde está el límite, en qué punto revisa una persona antes de que algo salga, y cuál es el plan para las primeras dos horas si se publica algo que estaba mal. Un equipo que tiene esas tres respuestas listas ya pensó en el peor día, y esa es exactamente la clase de madurez que un board quiere ver.

La trampa de la buena demo

Toda iniciativa de IA llega con una demo que impresiona, y esa es la parte fácil. La demo está diseñada para funcionar. El trabajo del directorio empieza donde termina el aplauso: qué cuesta cuando se equivoca, quién lo asume, y si eso vive fuera de la sala de reuniones. El valor de un proyecto se prueba en el estado de resultados, y la demostración es apenas el punto de partida. Conviene recordar el número: solo el 7% de las organizaciones dice tener la IA plenamente escalada. El resto está en algún punto del camino, y una parte importante confunde el piloto con la meta.

Hacer esta pregunta es, simplemente, devolver la conversación a la tierra. La administración trae la posibilidad y el board trae la rendición de cuentas. Las dos son necesarias, y funcionan mejor juntas. Cuando se combinan bien, la IA deja de ser una promesa que se renueva cada trimestre y empieza a comportarse como cualquier otra inversión de la compañía: con un dueño, un número y un plazo.

Un buen ejemplo de esto es cómo cambia la respuesta cuando el equipo está preparado. Le pregunto a una gerencia por su proyecto estrella de IA en Marketing y, en el mejor de los casos, me contestan con una frase que suena así: “resuelve la caída de conversión en el checkout, lo lidera Fulana, esperamos tres puntos de mejora incremental medidos contra un grupo de control, y si el modelo recomienda mal lo corta una regla antes de mostrarlo”. Esa respuesta no necesita una sola palabra técnica, y sin embargo me dice todo. En el peor de los casos me contestan con la marca del proveedor y una lámina de casos de éxito de otra industria. La diferencia entre las dos respuestas es, casi siempre, la diferencia entre un proyecto que va a rendir y uno que va a consumir.

Qué debería llegar en el paquete

Buena parte de estas preguntas se pueden contestar antes de la reunión, y ese es justamente el objetivo. Un directorio maduro las convierte en un estándar de lo que la administración entrega en el paquete del board cuando trae una iniciativa de IA en Marketing, en vez de improvisarlas en la sala. Yo pido cuatro cosas por escrito. La primera, una página que nombre el problema de Negocio y el número que se busca mover, con su línea base. La segunda, el diseño de medición, incluido cómo se va a aislar lo incremental. La tercera, el dueño, con nombre y con el resultado incorporado a sus metas. La cuarta, el mapa de riesgo: qué puede salir mal de cara al cliente, dónde revisa una persona y cuál es el plan de contención.

Cuando eso llega por escrito, la conversación en la mesa sube de nivel al instante. Se deja atrás la discusión abstracta sobre si la IA es buena o mala, que no lleva a ningún lado, y se pasa a lo concreto: si este caso, con este dueño y este número, merece el capital. Ese es el terreno donde un directorio agrega valor.

Hay un beneficio adicional, y tiene que ver con el ritmo. La IA en Marketing se mueve rápido y a la vista de todos: un modelo puede cambiar de comportamiento entre un trimestre y otro, y una campaña sale al mundo en horas. Conviene acordar desde el principio cada cuánto se revisa el proyecto y qué gatilla una revisión fuera de calendario. Un gobierno que mira una vez por trimestre algo que embarca todos los días llega siempre tarde a la conversación que importaba.

El gobierno como acelerador

Hay una idea instalada de que un directorio que pregunta mucho frena la innovación. Mi experiencia dice lo contrario. Las preguntas correctas vuelven la IA financiable. Un proyecto con problema nombrado, dueño con nombre y retorno medible se aprueba más rápido y escala mejor, porque todos en la mesa saben qué se está comprando, y el directorio recibe métricas que entiende en lugar de entusiasmo. La ambigüedad es la que frena de verdad, porque obliga a todos a fingir consenso sobre algo que nadie definió.

Vale una nota de humildad para el propio board. Los directorios están mejorando en el tema, y todavía van atrás en su propia casa: según Deloitte, solo un 3% integró la IA de lleno en su supervisión de riesgos y un 40% no la usa para nada en esa función. Está bien que así sea por ahora. La contribución de un director a la IA de la compañía se mide en la calidad de sus preguntas, y las herramientas que use el propio board son un tema secundario. Preguntar bien es una competencia de gobierno de siempre, aplicada a una tecnología nueva.

Lo que no cambia

La tecnología va a seguir cambiando. Los nombres de los modelos de este año no serán los del próximo, y buena parte de lo que hoy parece frontera será rutina en poco tiempo. Las preguntas, en cambio, se mantienen. Qué problema resuelve, cómo sabemos que funciona, quién responde, qué pasa si falla, si esto escala. Un directorio que las hace bien gobierna la IA sin necesidad de entender el modelo por dentro.

Ese es el trabajo, y es también la mejor forma que conozco de que la IA en Marketing pase de ser un tema de moda en la tabla a ser lo que un directorio sabe manejar: una inversión que rinde cuentas ante el Negocio.

Preguntas frecuentes

¿Qué debería preguntar un directorio sobre la IA en Marketing?

Por el problema de Negocio que resuelve y el número que busca mover, por cómo se aísla el resultado incremental, por quién responde con nombre, por los datos y su consentimiento, y por qué pasa si el modelo se equivoca en público. Son preguntas de gobierno, no técnicas.

¿Un director necesita entender la tecnología para supervisar la IA?

No hace falta entender el modelo por dentro. El aporte de un director está en la calidad de sus preguntas: exigir un dueño, un número y un plan para cuando algo falle. Es una competencia de gobierno de siempre aplicada a una tecnología nueva.

¿Cómo saber si una iniciativa de IA en Marketing es defendible?

Un caso defendible tiene cinco cosas: un problema de Negocio nombrado, un uso acotado, un retorno cuantificado, un plan para acotar la falla y una persona que responde por el resultado. Si falta alguna, sobre la mesa hay una apuesta con buena presentación.

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